
Uno de los volúmenes conservados en el estante de los libros vivos
En la biblioteca del monasterio existen algunos volúmenes que los narradores llaman libros vivos.
No son muchos.
Y a simple vista no se distinguen de los demás.
Durante años permanecen idénticos, como cualquier otro libro.
Pero a veces, cuando alguien vuelve a leerlos después de un tiempo, descubre algo extraño.
Una palabra distinta.
Una frase levemente alterada.
Un matiz nuevo en una escena que parecía conocida.
Los cambios son pequeños.
Tan sutiles que muchos lectores dudan de haberlos notado.
Sin embargo, con el paso de los años algunos relatos terminan siendo diferentes de lo que fueron al principio.
En el monasterio nadie intenta corregir estos cambios.
Son una expresión natural de las historias.
Y todos saben que, en el Universo Literario, las palabras cambian incluso después de escritas.
Aquí las historias tienen vida propia.
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