
Juramento de los Guardianes de la Biblioteca Prohibida
Ante las historias del mundo
y ante la memoria del monasterio,
yo acepto custodiar las palabras
que no deben caminar libremente entre los hombres.
Juro proteger los libros que aquí reposan,
no por temor a las historias,
sino por respeto al poder que habita en ellas.
Recordaré siempre que una narración
puede ser semilla de luz
o sombra en la mente de quien la recibe.
No permitiré que la curiosidad venza a la prudencia.
No permitiré que la ambición venza a la responsabilidad.
Guardaré estos textos
para que no hagan daño al mundo
ni a quienes aún no están preparados para comprenderlos.
Y si alguna vez un libro debe abrirse,
lo haré con conciencia,
sabiduría
y cuidado.
Porque sé que algunas historias
no terminan cuando se cierra el libro.
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