
Desde lo alto de la Torre Observatorio, se registra el cielo narrativo.
Quienes trabajan en el monasterio saben que no se trata únicamente de un firmamento de estrellas. A lo largo de los años, los observadores han descubierto que ciertas constelaciones parecen acompañar los movimientos del universo de las historias.
Algunas noches favorecen el nacimiento de nuevos relatos.
Otras parecen anunciar silencios necesarios para que las historias maduren.
En el monasterio no se habla de destinos escritos, sino de corrientes narrativas que atraviesan el cielo.
Por eso muchos lo llaman simplemente el cielo narrativo:
un vasto espejo donde, a veces, el universo de las historias deja entrever algunos de sus secretos.
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