
En ciertas noches especialmente claras, los observadores del monasterio distinguen en el cielo una región diferente a todas las demás.
No tiene una forma definida.
Desde la torre parece simplemente un campo de pequeñas luces dispersas.
Los antiguos observadores la llamaron El Vacío de las Historias No Escritas.
A diferencia de otras constelaciones, esta no parece influir en relatos ya existentes.
Muchos creen que está relacionada con las historias que todavía no han nacido.
Cuando el Vacío aparece especialmente luminoso, algunos narradores sienten una inquietud por buscar nuevas historias.
Ideas olvidadas regresan.
Personajes desconocidos aparecen en la imaginación.
Y nuevos relatos comienzan lentamente a tomar forma.
En el monasterio se dice que esta constelación no observa las historias del mundo.
Las siembra.
Y que, poco tiempo después de que el Vacío se ilumina, suele aparecer con claridad otra constelación cercana:
El Jardín de las Primeras Palabras.
Porque toda historia, antes de nacer, existe primero en el silencio.
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