
Alta y tenue en el firmamento del observatorio aparece una constelación circular formada por pequeñas estrellas.
Sus luces rodean un espacio oscuro, como si custodiaran un silencio en el cielo.
Los antiguos observadores del monasterio la llamaron La Corona de los Finales.
No es una constelación fácil de ver.
Pero cuando aparece con claridad, los custodios de historias han notado que muchas narraciones alcanzan momentos decisivos.
No necesariamente finales felices o trágicos.
Pero sí momentos en los que una historia encuentra su forma definitiva.
Algunos relatos se cierran.
Otros se transforman profundamente.
Y algunos personajes comprenden por fin el sentido de su propio camino.
En el monasterio se cree que la Corona de los Finales no decide los destinos de las historias.
Simplemente acompaña esos momentos en los que un relato encuentra su cierre natural.
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