
Entre las constelaciones del cielo narrativo existe una que los escritores del monasterio observan con especial respeto.
No es la más brillante.
Pero su presencia parece acompañar a quienes dedican su vida al oficio de escribir.
Durante los largos períodos de trabajo silencioso —cuando las historias se resisten o las palabras parecen detenerse— algunos narradores miran el cielo del observatorio en busca de esta constelación.
No promete inspiración inmediata.
Pero muchos creen que su luz recuerda algo esencial:
Que escribir no es solo inspiración.
También es perseverancia.
Por eso en el monasterio se dice que esta constelación no guía a las historias.
Guía a quienes las escriben.
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