
En el Scriptorium del monasterio los aprendices suelen hablar mucho de errores.
Dicen que hay un error cuando la historia se detiene.
Que hay un problema cuando una página queda en blanco.
Que algo está mal cuando una narración no avanza durante días o incluso semanas.
Los maestros del monasterio rara vez utilizan esas palabras.
Cuando un aprendiz llega frustrado con un manuscrito detenido, suelen escuchar en silencio y luego dicen algo sencillo:
tal vez la historia todavía no está lista.
En el monasterio se enseña que las historias también tienen su propio tiempo.
Algunas necesitan ser escritas de inmediato.
Otras prefieren permanecer un tiempo en silencio.
Por eso, cuando una narración parece no avanzar, los instructores suelen recomendar algo curioso: abandonar por un momento el Scriptorium.
Caminar por los jardines.
Visitar la biblioteca.
Escuchar las crónicas antiguas.
Observar las estrellas desde el observatorio.
A veces la historia no está detenida.
Solo está ocurriendo en otro lugar.
Y el trabajo del narrador consiste, muchas veces, en aprender a esperar hasta que la historia decida continuar.
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