
Al principio todo estaba claro.
Sabía qué estaba escribiendo.
Sabía hacia dónde iba.
Cada escena encontraba su lugar sin esfuerzo.
No tenía que pensar demasiado.
La historia se ordenaba sola.
Y entonces…
algo cambió.
No fue un bloqueo.
No fue una interrupción.
Fue otra cosa.
Como si la historia ya no quisiera seguir por ese camino.
Intentó continuarla como estaba.
Pero cada frase que escribía
sonaba ajena.
Forzada.
Como si ya no perteneciera a eso que había comenzado.
Probó cambiar una escena.
Luego otra.
Un personaje habló diferente.
Otro empezó a actuar distinto.
Y sin darse cuenta…
ya no estaba escribiendo la misma historia.
No la abandonó.
Pero tampoco pudo seguirla.
Porque lo que tenía delante
ya era otra cosa.
Y aquello que había empezado…
quedó atrás.
No incompleto.
Sino desplazado.
Deja un comentario