
No había sido un buen día.
Había estado en el Scriptorium,
en la Biblioteca, en los jardines.
Había pasado por todas las salas posibles.
Pero, aun así,
la historia no avanzaba.
Cerró el cuaderno
y bajó sin ganas.
En la sala común ya estaban los otros.
Alguien hablaba.
Alguien se reía.
Se sentó sin decir nada.
Le acercaron un plato.
Y por un rato…
no hizo falta entender nada.
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