
Ese día tocaba sopa.
Cortaban las verduras con calma, sin apuro.
La cocina estaba cálida y el vapor comenzaba a llenar el aire.
Las dejaron caer en las ollas junto con las hierbas.
Afuera el aire estaba frío, pero adentro todo tenía otro ritmo y otro clima.
No pensaban en historias.
Solo en que, cuando estuviera listo,
todo el grupo del Monasterio se sentaría a comer
y eso…
se sentía bien.
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