
En esta sala no se guardan textos.
Tampoco objetos terminados.
Aquí se conservan frascos de tinta
de distintas épocas del Monasterio.
Algunos están casi llenos.
Otros, apenas conservan unas gotas.
Se dice que cada tinta guarda algo más
que su propio color.
Quienes se detienen frente a ellas
a veces tienen la sensación
de que algo quiere ser escrito.
No siempre ocurre.
Pero cuando pasa,
no es la mano la que decide.
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