
Esa tarde se reunieron a leer.
No había tarea.
Nadie lo había pedido.
Simplemente ocurrió.
Alguien tomó un libro.
Otros se dispusieron a escuchar.
El fuego crepitaba bajo, constante.
Afuera hacía frío.
Adentro, el tiempo parecía quedarse.
No leían para aprender algo en particular.
Leían porque querían.
Y eso…
era suficiente.
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