
No siempre iban a la biblioteca a estudiar.
Algunas tardes, simplemente se quedaban ahí.
Había quienes leían en silencio,
otros revisaban pergaminos sin apuro.
Algunos conversaban en voz baja.
Otros no hacían nada en particular.
El tiempo parecía ir más lento en esa sala.
Desde los ventanales, las montañas se abrían hacia lo lejos.
Ese día, un arcoíris cruzaba el valle.
Algunas aves pasaban, lentas,
como si también estuvieran mirando.
Nadie dijo nada sobre eso.
Pero, de algún modo…
todos estaban ahí.
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