
A veces regresan diferentes.
Con anotaciones en los márgenes.
Con páginas dobladas.
Con manchas que no estaban antes.
Algunos incluso llegan
con el lomo vencido
o las hojas sueltas.
Nadie pregunta qué ocurrió.
El libro es recibido
y colocado en su lugar.
Y entonces…
descansa.
Pasa el tiempo.
No mucho.
El necesario.
Cuando alguien vuelve a tomarlo
y lo abre otra vez,
no queda rastro.
Las páginas están limpias.
El papel, intacto.
La encuadernación, firme.
Como si nunca hubiera sido alterado.
Porque en esta biblioteca, todo lo que vuelve
encuentra una manera de estar bien.
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