
En una parte de los jardines
hay zonas donde algo cambia.
No es el lugar.
No es el libro.
Es el ritmo.
Las páginas avanzan sin esfuerzo.
Las frases encuentran su lugar.
Y lo que antes pesaba
se vuelve liviano.
Algunos lectores llegan
con libros detenidos.
Se sientan.
Y sin darse cuenta,
leen.
No más rápido.
No mejor.
Simplemente,
sin resistencia.
Como si la lectura
recordara
cómo moverse.
Deja un comentario