
No siempre se avanza.
A veces,
la lectura se detiene.
No por falta de interés.
No por cansancio.
Sino porque algo aparece.
Una frase.
Una idea.
Una imagen
que no se deja pasar.
En la Academia
eso no se ignora.
Se interrumpe.
El lector se queda ahí.
Vuelve sobre la línea.
La lee otra vez.
Y otra.
No para entenderla mejor,
sino para ver
todo lo que contiene.
Porque hay momentos
en los que seguir leyendo
es perder algo.
Y detenerse
es comenzar a ver.
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