
Hay lecturas que avanzan.
Página tras página.
Sin detenerse demasiado.
El ritmo acompaña.
La historia fluye.
Y el lector sigue.
No por apuro.
Sino porque algo lo lleva.
Otras lecturas se quedan.
Una frase.
Un párrafo.
A veces una sola línea.
Se vuelve atrás.
Se relee.
Se piensa.
No para entender.
Sino para quedarse un poco más.
Entre una y otra
no hay una mejor.
Son formas distintas
de absorber una historia.
Algunas pasan
como el agua.
Otras
como una raíz
que se abre paso despacio.
Pero las dos
dejan algo.
Una forma.
Una huella.
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