
Algunos libros no vuelven.
No por olvido.
Sino por destino.
Hay lectores que prestan sin problema.
Los dejan ir
con la misma naturalidad
con la que llegaron.
Otros dejaron de hacerlo.
No por egoísmo.
Sino por experiencia.
Con el tiempo
cada uno encuentra su forma.
Hay quienes cuidan sus libros
como un jardín.
Los ordenan.
Los conservan.
Los mantienen cerca.
Y hay quienes creen
que los libros son nómades.
Que deben moverse.
Pasar de mano en mano.
Encontrar otros lectores.
Entre unos y otros
no hay una regla.
Solo maneras distintas
de convivir con las historias.
Deja un comentario