
No todas las historias se quedan en el libro.
Algunas piden otra forma.
Durante los meses previos al festival,
los lectores proponen escenas.
No se trata de las más importantes.
Sino de las que permanecen.
Momentos que no se sueltan.
Que vuelven.
Que se repiten sin ser llamados.
Las escenas elegidas
se preparan.
En el festival,
hay un espacio abierto.
Un escenario simple.
Sin decorados fijos.
Algunos lectores actúan.
Otros observan.
Algunas escenas son fieles a las originales.
Otras se permiten libertades de interpretación.
Y sin embargo,
algo resulta familiar.
Es lo que queda
cuando una lectura
se vuelve experiencia.
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