
Hay alguien que siempre habla.
Llega con el libro marcado.
Subrayado.
Dobladuras en las esquinas.
Abre antes de que otros lo hagan.
Recuerda escenas.
Cita fragmentos.
Habla.
Mientras los demás escuchan,
o intentan hacerlo,
esa voz avanza.
Explica.
Interpreta.
Relaciona.
Completa.
A veces repite.
A veces corrige.
A veces no deja espacio.
Pero no lo hace por imponerse.
Habla
porque algo en la historia
no se queda quieto dentro suyo.
Algunos se incomodan.
Otros se apoyan en esa voz
para entender.
Porque en los círculos de lectura
también existe
quien necesita decirlo todo
para poder soltar el libro.
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