
Suele suceder siempre.
Hay alguien
que nunca habla.
No llega tarde.
No se va antes.
Siempre está.
Escucha.
Mientras los demás hablan,
discuten,
se interrumpen,
defienden una idea
o la abandonan,
esa persona permanece.
A veces asiente.
A veces niega apenas.
A veces no hace nada.
Pero está.
Algunos creen
que no tiene nada para decir.
Otros,
que tal vez tiene demasiado.
Algunos preguntan.
Las respuestas son escuetas.
Nadie insiste.
Porque en los círculos de lectura
no todo necesita ser explicado.
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