
A veces
la puerta se abre
cuando la reunión ya empezó.
Quien llega
se mueve despacio.
Un paso suave.
Una disculpa apenas.
Busca un lugar
sin mirar demasiado.
Trata de no hacer ruido.
Algunos levantan la vista.
Otros no le prestan atención.
Alguien se incomoda.
La historia, en cambio,
no se detiene.
Hay hojas que ya se leyeron.
Nombres que ya aparecieron.
Silencios que ya pasaron.
Nada de eso vuelve.
Pero quien llega tarde
igual se sienta.
Escucha lo que hay.
No lo que faltó.
Y poco a poco
entra.
No en la escena que empezó antes.
Sino en la que está ocurriendo ahora.
A veces queda desalineado.
A veces pregunta algo que ya se dijo.
A veces sonríe sin entender del todo.
Y sin embargo,
permanece.
Porque en los círculos de lectura
el horario importa.
Pero más importa llegar.
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