
A veces
no se está de acuerdo.
Una escena
no dice lo mismo.
Una palabra
se abre en distintas direcciones.
Una historia
no llega a todos por igual.
Se escucha.
Se responde.
Se duda.
Y algo no coincide.
No se corrige.
No se resuelve.
Permanece.
Como si cada lectura
tuviera su propio lugar,
aunque no encaje con las demás.
Entonces el círculo cambia.
No para unificarse.
Sino para sostener lo distinto.
Nadie tiene que ceder.
Nadie tiene que convencer.
Y aunque a veces se intente,
la diferencia
no se rompe.
Se habita.
Porque en los círculos de lectura
no estar de acuerdo
también es una forma de leer.
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