
Hay registros
que no se explican.
No corresponden
a ningún libro conocido.
No responden
a ninguna lectura reconocible.
Y, sin embargo,
están.
Aparecen
entre los archivos.
Sin fecha.
Sin origen.
Con marcas
que no pertenecen
a ningún sello registrado.
En el Registro
no se anuncian.
Se apartan.
No por peligro.
Por incomprensión.
Se guardan
en estanterías
que no se consultan.
No están prohibidos.
Pero tampoco
se utilizan.
Dicen que algunos
han intentado seguir esos rastros.
Y que lo único que encontraron
fue silencio.
Otros afirman
que son lecturas infiltradas.
Como si esas lecturas
hubieran ocurrido
en otro lugar.
No dentro
del Universo Literario.
Tal vez
en otro mundo.
Y que, de algún modo,
llegaron hasta aquí.
Deja un comentario