El refugio de lectores nocturnos

Cuando el día termina
y el mundo comienza a apagarse,
algunos lectores permanecen despiertos.
No lo hacen por costumbre.
Ni por insomnio.
Lo hacen porque hay historias
que solo aparecen en ese momento.
El Refugio no es un lugar fijo.
A veces es una habitación en silencio.
A veces una luz tenue junto a una cama.
A veces una vela encendida.
Allí, la lectura cambia.
Las palabras pesan distinto.
Los personajes se acercan más.
Y lo que durante el día parecía lejano,
de pronto se vuelve propio.
No todos leen de noche.
Pero quienes lo hacen,
saben por qué.