Jardines del Silencio

Hay historias que no nacen de la tinta.
Nacen mucho antes.
En los Jardines del Monasterio, los narradores no vienen a escribir,
sino a disponerse.
A veces, mientras el viento atraviesa los arcos de piedra,
algunos aseguran haber escuchado fragmentos de historias
que aún no existen.
Otros dicen que, al permanecer en silencio el tiempo suficiente,
comienzan a reconocer personajes
entre las sombras del jardín.
Aquí, nadie persigue una idea.
Se espera.
Se observa.
Hasta que las ideas llegan.
En los Jardines del Silencio se aprende a distinguir
entre el ruido de la mente
y aquello que intenta revelarse desde un lugar más profundo.
Muchos afirman que este lugar
es la verdadera fuente de inspiración del Monasterio.
A continuación se comparten algunas anécdotas que sucedieron en los jardines:
El día que el hermano Atibio atrapó una idea