
En los Jardines del Silencio
hay quienes aseguran haber visto una mariposa
que no se parece a ninguna otra.
No por sus colores.
Sino por su forma.
Por su manera de moverse.
Demasiado leve.
Demasiado precisa.
Como si no perteneciera del todo a este mundo.
Los primeros en verla intentaron definirla.
Algunos la dibujaron.
Otros quisieron escribirla.
Ninguno lo logró.
No porque faltaran palabras,
sino porque no respondían.
Como si aquello que estaban viendo
no quisiera fijarse en una forma.
Con el tiempo,
los narradores dejaron de intentarlo.
Pero algo curioso comenzó a notarse.
Cada vez que la mariposa aparecía en el jardín,
quienes estaban cerca
sentían una claridad repentina.
Ideas.
Frases.
Historias.
No sobre la mariposa.
Sobre otras cosas.
Como si su presencia
no estuviera hecha para ser escrita,
sino para abrir el camino
a todo lo demás.
Desde entonces,
algunos la observan en silencio.
No para entenderla.
Sino para ver
qué despierta.
Regresar a los Jardines del Silencio
Visitar el Santuario de la Doble Llama
Pasear por ahí
Deja un comentario