
En la Sala de Visitantes
hay un libro que no fue escrito en el Monasterio.
Nadie recuerda cuándo apareció.
Ni quién lo dejó allí.
Permanece abierto
sobre una de las mesas.
La mayor parte del tiempo,
sus páginas están en blanco.
Pero a veces,
sin que nadie lo toque,
comienza a escribirse.
No de golpe.
No como una aparición repentina.
Sino lentamente.
Como si una mano invisible
trazara cada palabra.
Algunos dicen escuchar el sonido de la pluma.
Otros, solo ven las letras surgir.
Lo que aparece
no es una historia inventada.
Es algo que ya existe.
En algún lugar.
En la mente de alguien.
En la vida de alguien.
En un mundo que tal vez no es este.
El libro no crea.
Recibe.
Y por un instante,
hace visible
aquello que está siendo narrado
en otro lugar del universo.
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