Universo Literario

Un espacio donde nacen, viven y se habitan las historias
– sitio de prueba y en construcción –

Anécdota del arroyo cambiante

En los registros de la sala
se conserva el caso de un cartógrafo
que intentó fijar un arroyo.

No era un aprendiz.

Llevaba años en el monasterio.
Conocía los mapas.
Conocía sus variaciones.
Y sabía —al menos en teoría—
que no todo territorio permanece igual.

El arroyo no parecía complejo.

Una curva leve.
Un recorrido claro.
Un curso estable.

El cartógrafo lo trazó con precisión.

Al día siguiente,
el arroyo había cambiado.

No mucho.
Apenas un desvío.

Corrigió el mapa.

Al día siguiente,
el arroyo volvió a moverse.

Esta vez hacia el lado opuesto.

El cartógrafo volvió a trazar.

Al tercer día,
el arroyo no estaba donde debía.

Al cuarto,
parecía haberse dividido.

Al quinto,
había retomado su forma original…
pero no exactamente en el mismo lugar.

Durante varios días
el cartógrafo intentó seguirlo.

Trazaba.
Ajustaba.
Volvía a empezar.

Hasta que el mapa
comenzó a llenarse de líneas.

Correcciones sobre correcciones.
Desvíos sobre desvíos.

El arroyo, mientras tanto,
continuaba cambiando.

Algunos dicen
que lo hacía apenas por naturaleza.

Otros,
que respondía al intento constante de fijarlo.

El cartógrafo, finalmente,
dejó de trazar.

Se sentó frente al mapa.
Observó el recorrido.
Y por primera vez,
no intervino.

El arroyo siguió moviéndose.

Pero ya no parecía errático.

Semanas después,
el mapa fue revisado.

Las líneas anteriores seguían allí,
como un registro del intento.

Y en el centro,
un único trazo más suave
indicaba el curso actual.

Desde entonces,
ese mapa se conserva
no como un error,

sino como una advertencia.

No todo lo que cambia
necesita ser corregido.

Y no todo lo que se resiste a ser fijado
está equivocado.

Regresar a Sala de Mapas Narrativos

Volver a Monasterio

Deja un comentario