
No todos los lectores buscan de la misma manera.
Algunos recorren los estantes.
Otros esperan.
Y algunos…
preguntan.
En uno de los sectores de la biblioteca hay una caja.
Sobre una mesa cercana hay pergaminos en blanco.
El lector puede escribir.
No cualquier cosa.
Debe dejar tres elementos:
su nombre,
aquello que busca,
y aquello que teme.
El pergamino se pliega
y se deposita dentro de la caja.
Nada más.
No hay respuesta inmediata.
Se recomienda volver al día siguiente.
Al abrirla otra vez…
hay un libro.
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