
Hay cosas
que no están en las palabras.
Pero están.
En una pausa.
En una decisión.
En lo que no se dice.
Quienes llegan a la Academia
aprenden a mirar eso.
No como un detalle.
Sino como parte de la historia.
Porque una omisión
también es una elección.
Un silencio
también construye sentido.
Y descubren
que algo estaba ocurriendo
fuera del texto.
No hay marcas.
No hay señales evidentes.
Pero está.
Y cuando se aprende a verlo,
la lectura cambia.
Porque una historia
no solo se escribe
con lo que dice.
También
con lo que decide callar.
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