
No siempre se llega al final.
A veces se reconoce
que por hoy alcanza.
La página queda marcada.
El libro se cierra despacio.
La mano se queda un momento más,
sobre la tapa.
No es un vacío.
Es un lugar al que regresar.
En la mesa de noche,
la llama se mueve apenas,
como si también
estuviera por despedirse.
El libro se queda ahí.
Cerca.
Y entonces,
la luz se apaga.
La habitación queda a oscuras.
Pero algo
permanece.
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