
No todos leen de noche.
Algunos lo intentan
y se detienen.
Otros comienzan
pero no permanecen.
La noche no es un horario.
Es una forma de leer.
Cuando alguien deja de resistirse
al final del día,
y empieza a habitar
ese espacio sin apuro.
Cuando la lectura ya no compite
con el descanso,
ni con la urgencia.
Cuando quedarse un poco más
deja de ser una excepción
y se vuelve natural.
Entonces…
aparece.
No durante la lectura.
Ni al cerrar el libro.
Sino después.
Sobre la mesa de luz.
Entre lo cotidiano.
Pequeño.
Discreto.
Familiar.
El trofeo del Lector Nocturno.
No señala una hazaña.
Ni una noche en particular.
Reconoce algo más silencioso.
Una forma de estar en la lectura
que encontró su lugar
cuando todo lo demás se apaga.
Y desde entonces,
permanece cerca.
Como si siempre
hubiera estado ahí.
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