
En la cofradía
la lectura es libre.
Nadie dice que se comienza por el principio.
Ni que se termina en el final.
Los libros se abren donde el lector quiere.
Al azar.
Por intuición.
Por simple impulso.
Se lee un poco.
Se abandona.
Se retoma después.
O no.
No hay apuro.
No hay rigidez.
No hay normas.
Porque aquí se entiende algo distinto:
Que una historia
también puede construirse
desde fragmentos.
Y que eso,
también,
es una forma de leer.
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