
Durante el festival
hay un lugar que no se recorre.
Se habita.
Un muro amplio,
cubierto de fragmentos.
No son textos completos.
No son historias.
Son frases.
Los lectores se acercan
y escriben.
A veces de memoria.
A veces copiadas con cuidado.
Algunas pertenecen a libros conocidos.
Otras no tanto.
Pero eso no importa.
Lo que se deja
no es la obra.
Es lo que quedó de ella.
Hay frases que se repiten.
Aparecen una y otra vez,
en distintas manos.
Y hay otras
que aparecen una sola vez.
Y sin embargo,
bastan.
El muro cambia todo el tiempo.
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