
No todo lo que queda de una historia
son palabras.
Algunas cosas
toman forma.
Durante el festival,
hay un sector donde los objetos aparecen.
No están ordenados.
Ni señalados.
Simplemente están.
Llaves sin puerta.
Mapas incompletos.
Cartas sin destinatario.
Objetos que parecen haber sido usados
en otra parte.
Los puestos no explican demasiado.
A veces alguien menciona una historia.
Otras veces no.
Algunos lectores reconocen algo al instante.
Otros solo intuyen.
No todos los objetos son conocidos.
Pero ninguno es ajeno.
Algunos se compran.
Otros se intercambian.
No por su valor.
Por lo que sugieren.
Llevarse uno
no es poseerlo.
Es aceptar
que esa historia
todavía no terminó.
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