
Durante el festival también la música acompaña.
En algunos sectores,
pequeños grupos de músicos se reúnen
y comienzan a interpretar.
A veces anuncian títulos.
Otras veces no explican.
Cada interpretación responde a una historia.
Algunas melodías son reconocidas de inmediato.
Otras no.
Pero incluso cuando no se sabe de dónde provienen,
algo resulta familiar.
No es la escena.
No es el personaje.
Es el ritmo.
El modo en que la historia respira.
Algunos se detienen.
Otros siguen caminando,
pero más lento.
Y hay quienes, sin darse cuenta,
recuerdan una historia
que no estaban buscando.
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