
Durante el festival
hay un recorrido en silencio.
Un sector donde las historias
no se leen
ni se escuchan.
Se miran.
A lo largo del paseo,
artistas exponen escenas
tomadas de distintas historias.
Momentos precisos.
Instantes que alguien decidió fijar.
Algunas ilustraciones
coinciden con lo que uno imaginó.
Otras no.
Y sin embargo,
ninguna parece equivocada.
Cada imagen
es una forma posible
de esa historia.
Los lectores avanzan despacio.
Observan.
Comparan.
Recuerdan.
A veces se detienen más de lo esperado.
No por lo que ven,
sino por lo que creían haber visto.
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