
No todo en el festival ocupa grandes espacios.
Algunas cosas
aparecen en los bordes.
Pequeños puestos.
Mesas discretas.
Casi ocultas entre el movimiento.
Ahí se ofrecen dulces.
Pero no son comunes.
Libritos de azúcar.
Plumas caramelizadas.
Tintas dulces que se disuelven en la lengua.
Cada uno lleva un nombre.
A veces es evidente.
Otras, apenas una insinuación.
Algunos lectores los reconocen al instante.
Otros dudan.
O preguntan.
No hay indicaciones.
Solo la posibilidad de descubrir.
Los dulces cambian.
No siempre están los mismos.
Algunos aparecen una sola vez.
Y después, no vuelven.
No son lo principal del festival.
Pero quienes los encuentran
suelen recordarlos.
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