
No toda clasificación acierta de inmediato.
A veces el D.U.L. registra una forma
que el lector todavía no reconoce.
O deja asentada una marca
que ya ha comenzado a desaparecer.
Por eso existen errores.
No son frecuentes.
Pero ocurren.
Hay lectores que reciben un código
que no sienten propio.
Otros descubren, con el tiempo,
que aquel registro extraño
hablaba de una forma que todavía no había aparecido.
También sucede al revés.
Un lector cambia.
Pero el documento tarda en seguirlo.
En la Tierra de Lectores
eso no se vive como una falla grave.
Solo como una señal.
Porque no siempre el error nace de una mala lectura.
A veces nace del movimiento.
Y hay quienes sospechan algo más.
Que ciertos D.U.L.
no registran solamente lo que un lector es.
Sino también
lo que está a punto de convertirse.
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