
Hay quienes dicen
que ciertas palabras marcadas
reconocen mejor algunas voces.
Por eso, a veces,
es mejor que no sean leídas por cualquiera.
No todos creen en eso.
Algunos marcadores sostienen
que si la marca fue hecha correctamente,
el efecto debería responder igual.
Pero con el tiempo,
muchos aprendieron otra cosa.
La intención importa.
Y también el vínculo.
Por eso los capitanes
pronuncian ellos mismos
la palabra viento.
Por eso quien cocina
es quien lee sabor.
Y por eso muchos jardineros
prefieren pronunciar personalmente
las palabras destinadas
a sus plantas.
Como si existiera una relación
entre quien habla,
la palabra marcada
y aquello que la recibe.
Un último eslabón.
Algo difícil de medir.
Pero que puede cambiar,
completamente, el resultado.
Porque el oficio
no trabaja solamente
sobre las cosas.
También trabaja
sobre la relación
que las personas tienen con ellas.
Deja un comentario