
Todo espacio que comercializa palabras marcadas
debe poseer:
registro,
licencia
y autorización oficial del Ministerio.
En esos registros queda asentado:
quién realiza las marcas,
qué palabras produce
y qué estabilidad tienen.
El Ministerio no regula
las activaciones privadas.
Porque las palabras marcadas
existían mucho antes de la institución.
El problema aparece
cuando ciertos talleres
comienzan a producir y vender
activaciones fuera de control.
Especialmente
aquellas relacionadas con:
influencia,
confusión,
sometimiento
o alteraciones consideradas ilegales.
Muchos de esos talleres
son manejados por marcadores capacitados.
Practicantes capaces de producir palabras:
muy estables,
difíciles de rastrear
y muy buscadas en el mercado negro.
Sin embargo,
también existen pequeños talleres
que sobreviven copiando marcas deficientes
o reproduciendo activaciones
sin comprender del todo su funcionamiento.
Los registros oficiales afirman
que gran parte de las anomalías peligrosas
provino de palabras que fueron marcadas en condiciones precarias.
Por esa razón,
el Ministerio recomienda
verificar siempre la licencia del marcador
antes de adquirir cualquier activación.
Dentro del oficio,
muchos sostienen
que una palabra ilegal puede ser peligrosa.
Pero una palabra defectuosa…
puede ser todavía peor.
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