
Existen vendedores
que no permanecen demasiado
tiempo en un mismo lugar.
Aparecen algunas noches.
En ciertos barrios.
Cerca de:
tabernas,
casas de apuestas,
muelles,
ferias nocturnas
o zonas específicas de las ciudades.
La mayoría trabaja con el oportunismo.
Aprovechando:
Grandes reuniones.
Fiestas.
Conflictos.
Juegos.
O situaciones
donde las personas buscan:
Ventaja,
suerte,
protección,
influencia o soluciones rápidas.
Las palabras que ofrecen
son variadas.
Existen activaciones:
baratas,
caras,
erráticas,
estables,
prohibidas
incluso desconocidas.
Algunos vendedores trabajan
para redes organizadas de circulación ilegal.
Otros, simplemente sobreviven
vendiendo palabras
sin importar demasiado las consecuencias.
El Ministerio vincula a estos mercaderes con:
anomalías urbanas,
activaciones defectuosas
y conflictos difíciles de rastrear.
Sin embargo,
muchos rastreadores admiten
que los vendedores ambulantes ilegales
representan apenas una parte visible
de estructuras mucho mayores.
Dentro del oficio,
las palabras ilegales
rara vez permanecen quietas.
Y siempre encuentran…
alguna manera de seguir circulando.
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