Universo Literario

Un espacio donde nacen, viven y se habitan las historias

Los que se inclinan hacia una sola llama

No todos los que llegan al Santuario
habitan ambas llamas por igual.

Algunos se sienten llamados por una sola.

Se acercan
y permanecen allí.

Escuchan solo una voz.
Siguen una sola dirección.

Y durante un tiempo,
eso parece suficiente.

Hay quienes se entregan a la llama de lo invisible.

Las ideas aparecen.
Las escenas fluyen.
Las historias nacen con facilidad.

Pero no permanecen.

Se disuelven
antes de encontrar forma.

También están quienes
confían solo en la llama de la forma.

Ordenan.
Corrigen.
Construyen.

Pero algo falta.

La historia avanza,
pero no arde.

En ambos casos,
el narrador cree estar creando.

Y, en parte, lo está.

Pero no alcanza.

Porque ninguna llama,
por sí sola,
puede dar vida completa a una historia.

En el Santuario no se corrige ese error.

Se lo deja ver.

Con el tiempo,
cada narrador descubre
qué parte de sí
ha dejado sin desarrollar.

Y comprende que terminar una historia
no es solo cuestión de avanzar.

Es cuestión de equilibrarse.

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¿Qué camino no tomé todavía?

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