
No permanece en un solo lugar.
Se mueve.
No como quien busca un destino.
Como quien todavía no encontró una forma.
A veces parece claro.
Camina con decisión.
Responde cuando alguien lo mira.
Sostiene un gesto, una intención.
Pero no dura.
Algo cambia.
El paso se desacelera.
La mirada se pierde.
El gesto se disuelve
antes de terminar de afirmarse.
No es el único.
En distintas partes del bosque
hay otros como él.
Algunos más definidos.
Otros apenas perceptibles.
No hay error en eso.
Nadie les indica qué deberían ser.
No hay una forma correcta
esperando ser alcanzada.
Solo hay intentos.
A veces,
en uno de ellos despierta algo.
Un deseo.
Una motivación.
Y en ese reconocimiento,
algo se vuelve más firme.
Quienes conocen el bosque
saben que ese es el momento.
No siempre ocurre.
Pero cuando ocurre,
ya no vuelve a ser igual.
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