
No todos se detienen.
Algunos pasan
como por cualquier otro lugar.
Cruzan el puente.
Bajan a la orilla.
Siguen su camino
sin modificar el paso.
El río es agua.
Corriente.
Sonido constante.
Reflejo de luz.
Nada más.
No esperan que ocurra algo.
No recuerdan haber sentido otra cosa.
Si alguien les habla del río,
escuchan.
Asienten.
Pero no encuentran en sí mismos
eso que otros describen.
No es que falte atención.
No es que estén apurados.
Simplemente,
no sucede.
Se acercan.
Miran.
Permanecen un momento.
Y se van.
Como se irían de cualquier otro sitio.
Quienes sí perciben algo
no intentan convencerlos.
No hay explicación que alcance.
Porque lo que ocurre en el río
no se muestra.
Se reconoce.
Y cuando esto no sucede,
el río sigue siendo
lo que siempre fue.
Agua en movimiento.
Y eso,
también forma parte
de este lugar.
Deja un comentario