Río narrativo

El río se reconoce antes de verlo.
No por el sonido.
No por la corriente.
Por el movimiento.
Quienes llegan por primera vez
no siempre entienden qué cambia.
Pero se detienen.
Se quedan un poco más de lo previsto.
Miran el agua
como si algo estuviera por pasar.
Y a veces pasa.
No es una historia completa.
No se presenta.
Es un fragmento.
Una imagen que no estaba.
Una frase que no se había pensado.
Una forma distinta de decir algo que ya existía.
El río no se detiene.
No espera a nadie.
Lo que trae
no vuelve a pasar igual.
Algunos vienen a buscar eso.
Se sientan cerca de la orilla.
Dejan que el tiempo corra sin medirlo.
Anotan.
Recuerdan.
O simplemente se quedan.
Otros solo cruzan.
No saben exactamente qué es este lugar,
pero al alejarse
llevan algo.
No siempre pueden nombrarlo.
En la ciudad,
dicen que el río atraviesa todo.
Que viene de más arriba
y sigue más allá.
Pero aquí,
eso no importa.
Aquí,
el río está pasando.
Y quien se queda lo suficiente
termina entrando
en su corriente.