
Algunos no llegan con una idea.
No traen mapas.
No traen recuerdos claros.
No traen una intención definida.
Solo sed.
Se acercan al borde del mar
como quien se acerca a algo que siempre estuvo ahí.
No saben nombrarlo.
No saben explicarlo.
Pero lo sienten.
Se agachan.
Toman agua con las manos.
O escriben una palabra sin pensar demasiado.
Y algo ocurre.
No es una respuesta.
No es una revelación completa.
Es un movimiento.
Algo empieza a tomar forma
sin haber sido buscado de manera precisa.
Algunos se sorprenden.
Otros no se detienen a pensarlo.
Siguen.
Porque entienden, sin decirlo,
que no siempre se viene al mar a encontrar algo exacto.
A veces,
se viene a dejar que algo aparezca.
Y en ese gesto,
aunque no sepan qué vinieron a buscar,
ya no se van vacíos.
Deja un comentario