
No todas las palabras pueden circular libremente.
Algunas requieren permisos.
Registros.
Supervisión del Ministerio.
Y otras,
simplemente,
están prohibidas.
Niebla
es una de ellas.
Su comercialización
está restringida desde hace años.
No porque la palabra sea peligrosa por sí sola.
Sino por el uso que muchos hacen de ella.
Contrabandistas la utilizan
para mover mercancías entre rutas ocultas.
También existen registros
de robos en caminos y senderos
cubiertos por niebla artificial.
A veces,
la bruma aparece demasiado rápido.
En lugares donde el clima
no la produciría jamás.
Y cuando se disipa,
algo falta.
Por eso el Ministerio de Palabras
sigue esta marca muy de cerca.
Los rastros suelen quedar
en árboles,
piedras,
superficies,
ropa húmeda.
Pequeñas partículas brillantes
que aparecen
cuando la palabra
fue activada recientemente.
O como una ceniza pegajosa,
luego de haber sido usada hace tiempo.
Sin embargo,
a pesar de las restricciones,
Niebla
sigue circulando en el mercado negro.
Sobre todo en ciudades portuarias.
Y hay quienes dicen
que algunos marcadores
logran volverla tan espesa,
que incluso los perros pierden el rastro.
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