
El Ministerio de Palabras Marcadas
reconoce que las palabras
poseen la capacidad de influir sobre el mundo.
Sobre la materia.
Las emociones y la mente.
La percepción.
Los vínculos.
Los procesos humanos.
Sin embargo, también sostiene
que ninguna palabra marcada debe ocupar el lugar
del desarrollo interior y exterior de una persona.
Por esa razón, el Ministerio establece
como principio fundamental
el uso responsable y equilibrado
de las palabras marcadas.
Las palabras
pueden acompañar.
Orientar.
Estabilizar.
Facilitar.
Proteger.
Ordenar.
Guiar.
Pero no reemplazar.
No sustituyen la experiencia.
Ni el aprendizaje.
Ni la voluntad.
Ni el proceso humano real.
Por ello,
toda activación
debe comprenderse
como un acompañamiento temporal,
y no como una solución definitiva.
El Ministerio advierte que el uso excesivo
o irresponsable de ciertas palabras puede producir:
dependencia,
distorsión perceptiva,
interferencia emocional
y pérdida progresiva
de capacidades internas
no desarrolladas.
Por esa razón,
el Ministerio regula:
la circulación,
la comercialización,
la enseñanza y el uso público
de determinadas palabras marcadas.
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